Niadela de Beatriz Montañez
Niadela, el hogar de Beatriz Montañez en el bosque

Niadela, una historia de desapego

Niadela es más que un libro de «nature writing» o experiencias en la naturaleza. El viaje a través de sus páginas puede llegar a convertirse en un ejercicio de meditación para el que descubre su riqueza, un recorrido al interior de uno mismo, un reencuentro con nuestro «Yo» olvidado o abandonado, el «Yo» que nunca dejó de ser naturaleza, el que es uno con la Madre Tierra.

Niadela es una experiencia de desapego, de desposesión de lo material, el inicio de un camino para acercarnos a Samādhi, para abrazar un estado de conciencia en el que nos fundimos con el Universo. Y es que, todo aquello que nuestra mente convierte en imprescindible, Niadela lo transforma en prescindible.

Beatriz, tiene una premisa, «Menos es más» y así, muestra el inicio de su camino en busca de la plenitud del ser, plenitud que encuentra en las pequeñas cosas, en los momentos de soledad en los que se siente acompañada por la naturaleza, en la caricia de una hoja sobre su piel, en el aleteo y el canto de un pájaro, en la mirada de un pequeño zorro.

Beatriz Montañez en Niadela
Beatriz Montañez en Niadela. Foto: Raúl Belinchón

Tiempo sin tiempo

En Niadela no existen los relojes. Beatriz, duerme, despierta y vive a merced de los ritmos circadianos, posee tiempo sin tiempo, para observar al diminuto grillo, para danzar embriagada por la Luna o para interiorizar cada instante junto al río y sanar las heridas del pasado.

Niadela está en ti

Niadela es un lugar real para Beatriz, es su hogar, un lugar del que sólo ella conoce su ubicación, de lo contrario, dejaría de ser Niadela. Pero, también es un espacio creado por el lector que se sumerge en las páginas de este libro, un hogar interior en el que encontrar refugio, en el que sentirse inmerso en la naturaleza y donde uno se explora mediante un dialogo interno que le permite escuchar por primera vez, la voz de su esencia.

Ismael T

Fragmento de Niadela

«Ayer soñé que regresaba a Niadela. Era de noche, como la primera vez que acudí a ella, y la verja estaba abierta y oxidada. Como en aquella primera ocasión, las estrellas iluminaban el sendero de piedras blancas, pero ya no era el mismo. Estaba desdibujado bajo las rocas desprendidas del acantilado por los fuertes vientos y tormentas, y sepultado bajo nuevos árboles, matojos, arbustos y zarzas cargadas de moras de porcelana negra y brillante como ojos de cárabo. Antes de cruzar el río, entre los álamos asfixiados por la hiedra, me pareció ver una luz en la ventana. Apenas llevaba agua y la naturaleza había crecido salvaje sobre su cauce. Avanzaba lentamente entre raíces desnudas, gruesos juncos y ramas retorcidas de hierbas silvestres. El bosque por fin había vencido. Ascendí la colina donde Niadela se erigía silenciosa. En el último tramo busqué luz en alguna ventana, pero ya no vi nada. Ahí estaba de nuevo, frente a Niadela; nos contemplábamos la una a la otra, como la primera noche, dos construcciones abandonadas. La madreselva cubría su piel rocosa, se enredaba entre las rejas, tapaba las ventanas y estiraba sus largos dedos sobre las tejas. El musgo ocultaba el enlosado, y la puerta de madera de la entrada se había vuelto negra, como cuero seco, envejecido por la lluvia y por el sol. No puedo volver a mi Niadela abandonada, pero en mis sueños regreso con frecuencia a aquellos primeros días, los más bellos y extraños de mi vida.» Beatriz Montañez

Reseñas de los lectores:

portada libro Niadela

Niadela, una escritura cargada de humanidad

De entrada, puede sorprender que una mujer joven , con una trayectoria profesional exitosa en televisión, decida dejarlo todo, irse sola a la montaña e instalarse en una vieja cabaña de pastores.

Echar la llave a un mundo donde nada en la abundancia para nadar en aguas cristalinas que derraman la pureza del bosque. Pero, en mi caso, esa sorpresa inicial quedó eclipsada por la admiración que, desde las primeras páginas, sentí por el coraje y la riqueza de espíritu que Beatriz Montañez posee, volviendo a sorprenderme al ir descubriendo cada tesoro que la sencillez de su nuevo entorno le está regalando.

Allí, en Niadela, nombre con el que llama a su hogar, se instaló hace ya cinco años oxigenando necesidades, comenzando una vida en armonía con la Naturaleza, llenándola de sentido.

Una escritura cargada de humanidad, de amor por la tierra. Palabras que arrastran alguna herida de la infancia curada con el silencio de su refugio que es, como ella lo llama, su «vuelta al vientre materno».

Como si el esplendor del lugar se apoderase de sus vivencias, cada frase, cada párrafo lo impregna con la belleza y la sabiduría que le ha aportado su convivencia respetuosa con la Naturaleza. Unos días, la vida transcurre envuelta en su propia luz. Otros, entre tinieblas y alguna densa bruma que acompañará sus noches y que, con la llegada del nuevo día, el río arrastrará y ahogará.

Beatriz cita alguna hermosa frase de Rilke.  Yo cito una letra de Víctor Manuel que fácilmente me viene a la mente al leer a un alma tan pura: «Será la luna compañera de tus sueños, serás más rico con los sueños más pequeños».

Beatriz, gracias por mostrarme tu cálida guarida. Me has enseñado que todos poseemos nuestra Niadela aunque carezca de techumbre y paredes y no esté rodeada de bosques; un recuerdo guardado en la memoria o en un cajón puede servirnos de refugio.

He fotografiado tu libro con unas hojas recogidas el último otoño que pasé en Alemania con mi hijo. Fue antes de la pandemia. Tienen algo de tu Niadela y también de la mía.

María Iglesias

4 comentarios de “Niadela

  1. Irene dice:

    Paisana, me encanta que hayas reaparecido y más con este libro (pendiente en mi listado), pero con ganas.

    Un abrazo y a seguir igual de bien.

  2. Jorge dice:

    Sanador, necesario, valiente, consciente o inconsciente, lo importante es, que ahora estás donde necesitabas estar, para crecer, para ser, conocerte, luchar con uno mismo, donde los tiempos son lo que son, pausas, silencio, reflexión, saborear, esos que asustan a quienes no los entienden. En libro te veo a ti, desde la perspectiva del observador, a veces, siento como si estuviera en el personaje, en esos momentos tan…, y también me despistó conmigo, volando con mis recuerdos, reflexiones y vuelvo.

    Viví algo parecido. Al principio de volver, cuando la gente me preguntaba el porqué de desaparecer, de no dar señales, mi respuesta era no estaba para nadie, -como iba a explicar lo que aún no era capaz-, o mejor dicho, estaba donde tenía que estar. Me decían que no tuvo que ser fácil, a lo que contestó siempre, no podría haber hecho lo contrario, hubiese sentido que no estaba donde tenía que estar y eso hubiese sido un gran desasosiego para mí.
    El libro que me ayudo a entender ese viaje, como lo llamo, fue La montaña mágica, Thomas Mann por eso cuando me preguntan por ese tiempo, y no quiero dar muchas explicaciones, digo que me fui a la montaña y se produce un silencio.

    Gracias

  3. Jorge dice:

    …las buenas personas olvidan sus buenas acciones no bien las han realizado, el escritor genuino olvida la obra que acaba de  concluir y se dedica a pensar en la siguiente. Si acaso piensa en su obra anterior, es probable que recuerde más sus fallos que sus virtudes. A veces, la fama envanece a un escritor, pero rara vez consigue que se sienta orgulloso.

    Se puede culpar a los escritores de todas las pedanterías posibles, menos una: la de los asistentes sociales: 《 Hemos venido al mundo para ayudar a otros; ¿ para qué han venido los demás? Ni idea》.

    W.H. AUDEN.  El arte de leer

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